Hecha esta aclaración, también uno debe ser justo, y poner
las cosas en su preciso lugar, porque a pesar del aire fresco que se respira en
las otras disciplinas, el costado más sensible, aquel que quizás más nos
representa como institución (mal que nos pese), muestra una cara totalmente
distinta. El fútbol sigue siendo el talón de Aquiles de este Ferro renovado,
que quiere resurgir para volver a ser un poco de todo aquello que fue. Y los
malos resultados acumulados, las paupérrimas campañas de estos últimos años
duelen, calan hondo en el hincha que, apurado entre calentura y resignación,
termina tirando por la borda todo lo conseguido fuera del Ricardo Etcheverry.
15 años boyando en el ascenso y molesta ver como las culpas parecen caer
siempre en los empleados, que pasan y dejan su insignificante granito en esta
enorme montaña de arena: jugadores, técnicos, ayudantes de campo, preparadores
físicos son ejecutados cuando las temporadas terminan y puestos para siempre en
la lista negra, que ya alcanza muchas carillas. Luego se van y muchos de ellos
de golpe aprenden a jugar a la pelota y se cansan de triunfar en absolutamente
todos lados, menos en Ferro.
Alguna vez quizás podamos ir más allá, esquivar la salida
fácil de culpar a los que ejecutan para poder mirar a los que deciden, a los
que planean y diagraman los proyectos, tratando de buscar ahí la falla. Sin
antorchas ni caza de brujas, simplemente hacer un sano ejercicio, poder parar
la pelota y entender porqué los nombres pasan y la cosa parece estar empeñada
en no cambiar. Una autocrítica seria, responsable y con la única intención de
poder acompañar semejante crecimiento institucional también con el fútbol. Esto
no empaña todo lo señalado en el primer párrafo ni nos convierte inmediatamente
en golpistas que desoyen la voluntad popular. Todo lo contrario, debemos
aprovechar la recuperada normalidad institucional, luego de años de dictadura
judicial, para romper con los errores enquistados dentro de nuestro fútbol
profesional. Aprender a separar lo general de lo particular, lo concerniente al
club de lo estrictamente deportivo. La construcción del hermoso gimnasio
polideportivo es algo que queda para siempre, pero de ninguna manera responde
al problema de haber traído 3 laterales derechos para terminar usando a Incorvaia por esa
banda. Ni el importantísimo triunfo de ayer del básquet frente a Obras como
visitante hace que duela menos el mal momento que está atravesando el equipo,
por más que lo anuncien por altoparlantes en medio de los silbidos.
Ellos los dirigentes, nosotros los hinchas, todos podemos generar
el cambio. Podemos repensar el fútbol sin por ello caerle con ese peso a lo
logrado en las demás disciplinas. Podemos entender la necesidad de sumarle
capacidad a la tan autoproclamada honestidad. Podemos romper con la histórica
antinomia de ser un club “con” o “de” fútbol, que solo consiguió divisiones
dentro de la familia verdolaga. Y por sobre todas las cosas, podemos separar el
árbol del bosque o, como se titula esta nota, tratar de que el bosque no nos
tape el árbol.
Publicado en www.ferrocarriloeste.com.ar Sección Fútbol|Crónica del último partido|2da Opinión
No hay comentarios:
Publicar un comentario